Los Anunnaki

¿Son los Anunnaki reales? ¿Son extraterrestres?
¿O son parte de una imagen más grande?

Esos dioses segundones que los grandes dioses enviaron a la tierra han sido y son objeto de numerosas especulaciones, entre ellas, una procedencia extraterrestre. Pero el mito sumerio deja bien claro que no fueron precisamente los maestros llegados de un lugar más adelantado para enseñar a los hombres lo que no sabían, sino cuando los dioses principales crearon a los Anunnaki, dioses de segundo orden que descendieron del cielo a la tierra, estos desconocían la agricultura, no sabían cómo hacer pan ni cómo vestirse, por lo que comían «mordiendo las plantas igual que carneros y bebiendo agua de un foso».

Entre la tierra y el abismo
El primer sumerio
Los anunnaki
El jardín del edén
La media luna fértil Caín y Abel
El árbol Huluppu
¿Qué tiene el labrador más que yo?

Los Anunnaki son un grupo de deidades en las antiguas culturas mesopotámicas (sumerias, acadias, asirias y babilónicas).

De estos dioses principales nacieron las restantes divinidades responsables de todo cuando existe en el universo, cincuenta de ellos, importantes, según reza una tablilla sumeria: «Los grandes dioses, cincuenta en total…». Pero la creación del mundo sumerio no fue tan simple ni tan placentera, sino que fue el resultado de una batalla indescriptible entre fuerzas divinas enfrentadas, que se disputaron el señorío de los cuatro elementos.

Este mito bélico de la creación no aparece en los poemas sumerios, sino en un poema babilónico muy posterior, que data del II milenio a. C. y que se conoce como Enuma elish o Poema babilónico de la Creación.


Al principio, los dioses eran símbolos de las fuerzas de la naturaleza. 

Los dioses sumerios fueron, como en todas las religiones, las fuerzas de la naturaleza que después adquirieron forma humana y se convirtieron en personajes superiores a los mortales, aunque no exentos de sus necesidades y miserias, como la ambición, el hambre, el miedo o el aburrimiento.

En la época babilónica se contaba que los Anunnaki habían recibido de Marduk hasta seiscientos puestos de trabajo o, mejor aún, de gestión, la mitad en el cielo y la otra mitad en la tierra, una vez que fue creado el hombre para que se ocupase de las faenas pesadas. Quedaron, pues, como lo que ahora llamamos mandos intermedios en una organización empresarial. Los puestos directivos quedaron en manos de los dioses principales, en el nivel estratégico; los mandos intermedios para los Anunnaki, en el nivel táctico; y las faenas para los hombres, como funcionarios o empleados en el nivel operativo.

Juan Bergua, dice, en su Mitología universal, que todos los dioses de segunda clase tuvieron al principio la denominación de Anunnaki, pero después se repartieron en Igigi, categoría de dioses celestes, y Anunnaki, categoría de dioses terrestres e infernales.

En el principio, antes de que el cielo y la tierra tuvieran siquiera un nombre, existía Nammu, el agua, el océano infinito, la diosa que da vida. De su seno surgió la Montaña Cósmica, el cielo y la tierra fundidos en una amalgama, que procrearon a An, dios del cielo y a Enlil, dios del aire. Cada dios apartó para sí un elemento y de esta forma separaron el cielo de la tierra. Así es como empieza el poema Gilgamesh, Enkidu y el Infierno y así es como empiezan muchos otros poemas sumerios y babilónicos, con independencia de su contenido:

Así fue como se inició la creación, dando origen a los cuatro elementos primordiales: cielo, tierra, aire y agua.
Enlil y su madre, la Tierra, dieron origen al universo organizado, donde más tarde nacería el primer hombre.

En este poema aparece la figura de Marduk, un dios que los babilonios adoptaron de los nómadas del desierto y al que situaron a la cabeza de su panteón. No es, en todo caso, un dios sumerio, pero debemos tener en cuenta que los asirios y los babilonios, civilizaciones que siguieron a la civilización sumeria, absorbieron su cultura, adecuándola a su tiempo y traduciendo los nombres de sus dioses y de sus héroes. Exactamente lo mismo hicieron los romanos con la cultura griega. Copiaron sus dioses, sus héroes e incluso su epopeya principal, la Eneida, es una copia casi literal de la Odisea, la cual, a su vez, recoge los mitos de la Epopeya de Gilgamesh.

El universo surgió, como en el mito sumerio, de un caos acuoso. El dios de las aguas dulces, Apsú, unió su linfa con la diosa de las aguas saladas, Tiamat, dando vida a todos los dioses. En aquel tiempo, la tierra se debatía entre remolinos de agua dulce y abismos de agua salada, hasta que Ea, el dios de la vasta inteligencia, recurrió a un sortilegio invencible con el que consiguió adormecer a Apsú, su padre, para darle muerte. Libre ya el barro de las aguas dulces, hubo de enfrentarse a las aguas del mar porque Tiamat se enfureció de tal manera por la muerte de su esposo, que el mismo Ea no fue capaz de darle muerte, sino que hubo de recurrir a la ayuda de su propio hijo Bel Marduk1 , el más sabio, fuerte y poderoso de los dioses

En los mitos mesopotámicos, la creación del mundo se llevó a cabo como una batalla espantosa entre los elementos de la naturaleza, representados por dioses sólidos, líquidos y gaseosos.

Marduk, nacido en ese santuario de la fatalidad que es el fondo del mar, persiguió tridente en mano a Tiamat, que se defendió arrojando conjuros y maldiciones, pero finalmente hubo de sucumbir porque así sucumbieron las aguas embravecidas para liberar a la tierra seca. Sin asomo alguno de piedad, el dios dividió en dos el cadáver de la diosa muerta, como se separan las dos partes de un pescado, para formar con la parte superior la bóveda celeste y, con la inferior, la tierra seca aislada de las aguas.

Siguiendo nuestro camino hacia atrás, puedo decir que el agua es, en todas las culturas, el origen de la vida. Por eso Nammu era la diosa creadora.
Del agua surgió la Montaña Cósmica que tenía la tierra por base y el cielo por cima.

Enlil, cuyo nombre significa «aire, viento, soplo, espíritu» (el poema de los griegos, el espíritu de Jehová flotando sobre las aguas), se llevó la tierra consigo y la apartó del cielo.

El aire quedó, pues, separando el cielo de la tierra. Pero los elementos no se separaron y diferenciaron con tanta facilidad ni la tierra seca surgió sin esfuerzo del agua que inundaba Mesopotamia durante el período glacial.
El mito babilónico de la creación refleja precisamente la transición del pantano a la tierra seca.

Cuando el cielo se hubo alejado de la tierra…
Cuando la tierra se hubo separado del cielo…
Cuando se hubo fijado el nombre del hombre…
Cuando An se hubo llevado el cielo…
Cuando Enlil se hubo llevado la tierra…

holayolo sun
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