Pan, Dios Bestia de la Arcadia

La paternidad de Pan ha sido atribuida a muchos, e incluso al mismo Zeus, pero nada puede afirmarse con certeza. Es muy probable que Pan no fuese reconocido por su verdadero padre debido a su fealdad: era peludo y con cabeza de cabra y tenía cuernos, barba, rabo y pezuñas. Los demás dioses lo despreciaban por su aspecto físico y no lo consideraban uno de ellos, aunque por nacimiento era un dios y, según algunos, un dios mas viejo que los antiguos Titanes. (Posiblemente, tras este matiz, podamos entender que era anterior a la llegada de los arios a Grecia, es decir, pre indoeuropeo).

Pan no se preocupa mucho porque era un ser sencillo y sin ambiciones. No se aspiraba a las altas cimas del Olimpo y estaba contento viviendo entre los mortales de Arcadia, en el centro de las claras con bosques y montes. Pan habitaba al norte, en una montaña, y vivía como un pastor, siguiendo sus ovejas y sus cabras y cuidando de sus abejas. Por la noche participaba con entusiasmo en las fiestas de las ninfas de los bosques, y a veces se sentía como invadido por un estado salvaje. Le gustaba muchísimo esconderse entre los árboles cuando pasaba algún extraño, para hacerlo huir despavorido, produciéndole pánico con un repentino grito salvaje.

Pan cortejó a muchas ninfas y entre ellas a Siringe, que huyó aterrorizada a las orillas del río Ladon y se convirtió en una caña para escapar de él. Incapaz de reconocerla entre tantas, Pan corto unas cuantas cañas con las que hizo unas flautas, el instrumento llamado siringa, por el que aun hoy es conocido.

Solo cuando advirtieron su gran habilidad para tocar la flauta, los dioses lo llevaron al Olimpo, para que les enseñara su arte. Pero, por sus miradas burlonas, pronto Pan comprendió que no le aceptaban por si mismo y que lo único que buscaban los dioses con su presencia en el Olimpo era un medio de diversión. Por lo cual volvió a la Arcadia a vivir como antes, entre las bestias, acompañado de la poco elegante vida de un animal. Prefirió dejar de lado la vida aristocrática del Olimpo con su belleza y su hipocresía y vivir junto a los animales y las plantas como un Dios de las bestias, las cuales le eran más fieles.

Aquí tenemos un claro ejemplo de las deidades arcanas, procedentes del neolítico europeo. Mitad hombre mitad bestia. Pan es un residuo en la Europa pre aria, de los viejos cultos animistas al dios del bosque. Señor de las bestias y protector de la vida salvaje. Al viejo dios Cornudo, del cual tenemos representaciones en la Numancia celta pero cuyo culto es bastante anterior puesto que antepasados más remotos, los hombres de Altamira, ya tienen entre sus pinturas a hombres con cabezas de cabras, ciervos y bisontes que danzan junto a animales salvajes. Si bien es cierto se desconoce el significado muy posiblemente estemos hablando de dioses relacionados con la caza y la naturaleza.

En Iberia hay teorías que afirman que el nombre de Hispania procede de la importancia que para los nativos de esta iberia arcana tenía Pan y creen ver tras este nombre His-PAN-ia como la tierra del dios Pan.

Lo que si es cierto es la cantidad de mitos que con raíz en este dios existe en España. Desde los tradicionales sátiros hasta los más rebuscados espíritus del bosque del folklore los cuales muy posiblemente tengan raíces en el dios de la Arcadia, el cual a su vez, tendría raíces en esos dioses del neolítico que fueron conocidos como dioses cornudos. Llámense, Pan, Cernunnos, Vestus o Akerbeltz.

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No hace falta ser muy agudo para darse cuenta que el dios Pan y su aspecto era mas similar a un diablo que a un ángel por lo cual tras su llegada, el cristianismo homo centrista no pudo comprender como las gentes rendían culto a un dios medio animal, que vivía como un monstruo entre ramas, árboles, montañas y valles y que disfrutaba de las reuniones nocturnas, con sus sátiros, tocando música y persiguiendo ninfas. Además de la ya, en si, antitesis de la belleza, no propia del cielo Jesús no podía tener un ángel como Pan. Por el contrario si era propio del diablo el representarse de forma tan monstruosa. Ahí nació la imagen del diablo con aspecto de bestia. Esto unido en España a que en lugares de alta influencia pre aria como Euskadi, las brujas, se seguían reuniendo en lugares mágicos para rendir culto a la “cabra negra” Akerbeltz. Fueron razones más que suficientes para que la iglesia satanizara la brujería y los cultos arcanos como parte de su conspiración satánica de dominar el mundo. El antropocentrismo propio de las religiones monoteístas no comprendía que un dios no fuera de aspecto humano y que, por el contrario, tratara a las bestias como iguales al hombre, siendo dios tanto de animales, como de plantas, como del propio hombre.

Sin ninguna duda la región de Hispania donde mas importancia o mejor dicho, donde mas perduró el culto al dios cornudo fue el país Vasco, donde las brujas seguían rindiendo culto a un viejo numen del mundo subterráneo, al que se le conocía como Akerbeltz, la cabra negra, el señor de los aquelarres del norte.

El Akerbeltz, que textualmente significa cabra negra es un numen posiblemente emparentado con los dioses cornudos ancestrales. J. M. de Barandiaran en su libro Mitología vasca nos comenta sobre Akerbeltz:

“Entre las representaciones o sucedáneos del numen subterráneo Mari, existe una figura y un nombre que lograron concentrar en torno a si un grupo bastante importante de creencias y practicas. Nos referimos a la del macho cabrio y a su nombre Aker. Además de sus rasgos generales, como vivir en regiones subterráneas, ser jefe de muchos genios, provocar tempestades, etc. etc. etc., el numen demoníaco Akerbeltz, tiene facultades curativas e influencia benéfica sobre los animales. Influencia que ejerce mediante su forma mortal, que es la de un macho cabrio negro”.

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Siguiendo con Barandiaran, nos encontramos, con que no duda en afirmar la posible o mejor dicho el posible origen del Akerbeltz vasco, con un espirito pre cristiano de los pirineos al cual, le llamaron Herbelste, y el cual también era representado por una gran cabra negra. Personalmente creo, que tanto Akerbeltz, como Herbelste, como Pan y como tantos otros, proceden de ese viejo culto al dios cornudo propio de las edades ancestrales de la Europa arcana, que primero fue adoptado como parte del panteón de los pueblos invasores arios/indoeuropeos y que después ante la visión antropocentrista y monoteísta del cristianismo, fue desterrado a las sombras de las tinieblas de sus infiernos. Eso si, dejando numerosos residuos de su culto, sobre todo en Hispania.

Quizás esos cuadros que Goya pintó donde mujeres adoraron a un diablo con cabeza de cabra no fueran tales reuniones satánicas ni luciferinas y en realidad no eran más que viejos cultos pan iberistas que habían sobrevivido a los tiempos del cristianismo censurador, en las manos de las viejas sacerdotisas, Las brujas.

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