Aurum Solis

Ordo Aurum Solis («Orden del oro del sol») es una orden hermética y teúrgica fundada en Inglaterra en 1897 por George Stanton y Charles Kingold. Es un vehículo de la tradición Ogdoádica, en sí mismo un elemento importante de la tradición de los misterios occidentales.

Ordo Aurum Solis es el más conocido a través de los trabajos publicados de dos de sus últimos Grandes Maestros, Vivian Godfrey y León Barcynski. Mejor conocido por sus seudónimos, Melita Denning y Osborne Phillips, el equipo de marido y mujer fue autor de muchos libros (algunos de reaparecer en las nuevas ediciones) que cubren diferentes aspectos de la práctica mágica, como la Guía Práctica Llewellyn a la proyección astral y la Guía Práctica Llewellyn a la visualización creativa , así como su trabajo seminal (reimpreso en tres volúmenes), que expondrá la filosofía y las prácticas de Ordo Aurum Solis: el mágico filosofía .

A pesar de algunas similitudes con la Orden Hermética de la Golden Dawn , algunos de sus descendientes, eran de varias órdenes Thelemicas y otros grupos derivados de la Rosacruz renacimiento del siglo 19, Ordo Aurum Solis representa un sistema distinto y único de la filosofía y la práctica mágica basada en la tradición Ogdoadic.

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La tradición Ogdoadic

La tradición Ogdoadic se deriva de los mediterráneos religiones de misterio de la antigua Grecia , así como las prácticas teúrgicas de los sacerdotes de Egipto ptolemaico. Su símbolo es la firma de la estrella de ocho puntas de la Regeneración, un emblema que significa la regeneración del alma y la inspiración divina. Su filosofía y prácticas aparecen en las obras de principios herméticos y las enseñanzas de los neoplatónicos escuelas de Alejandría , Apamea , y Atenas en la Antigüedad tardía . De acuerdo a sus iniciados , la figura paterna de la tradición es Hermes Trismegisto.

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Los símbolos y la filosofía de la tradición Ogdoadic también se expresaron en el arte bizantino. La tradición Ogdoadic, como se menciona en los Fundamentos de la alta Magick ( El mágico Filosofía , vol. 1) por Melita Denning y Osborne Phillips, se hizo evidente en los frescos pintados por Giotto (1270-1337), y también fue incorporado en la construcción de el Baptisterio de Florencia.

Los tres pilares

Al reflexionar sobre las condiciones del proceso iniciático y la vivencia cotidiana de la espiritualidad hermética y ogdoádica, venía a mi mente los tres pilares que sustentan el desarrollo individual en nuestra Orden.

La cuestión de lo numinoso – palabra que prefiero ante ‘espiritual’ – tiene un claro componente transpersonal y transracional. Una experiencia numinosa, o espiritual, tiene que ver con aquello que nos trasciende, aquello que está, por definición, más allá de nosotros. Una experiencia de este tipo conlleva un movimiento hacia lo externo sagrado, lo Otro en términos de lo divino.

Pero, yo al menos, no tengo una experiencia cumbre todos los días, ni todos los años. Por razones que son obvias y que tienen que ver con la propia composición de una experiencia tal y el sendero que hasta ella dirige; y también porque a diario mi condición humana exige lo propio a sus responsabilidades y compromisos, así como a sus pasiones, sus placeres y deseos.

La condición de iniciado comprende una especie de existencia en dos mundos, que corre paralela la una a la otra y que está llamado a fundamentar nuestro conocimiento de la realidad, de nuestra conciencia y de lo que está más allá de nosotros mismos.

El camino desde la cotidianidad hasta la experiencia de los poderes numinosos y divinos se apoya entonces en los tres pilares que fundamentan el trabajo de nuestra Tradición: Teurgia, Filosofía y Teología.

La Teurgia es el camino ritual que desciende de los estados de conciencia transracionales, desde los mismos poderes divinos, hasta nosotros y nos ayuda a recorrer el sendero de regreso hasta ellos, gracias a la Tradición y la herencia que a través de los siglos ha pasado de Maestro en Maestro, de Orden en Orden, y que ha mantenido viva la Tradición Ogdoádica. Jámblico, el maestro teurgo de Siria, veía en ella un origen claramente divino, y explicaba cómo en su práctica, a veces por medios incomprensibles para la razón, lo divino en nosotros llamaba a y era llamado por lo divino fuera de nosotros, provocando la purificación y liberación de nuestra alma.

Yo atesoro cada momento de práctica teúrgica como si en sí mismo fuera un misterio indescifrable. Pero ¿qué hacer en el resto del tiempo que vivo en mi vida cotidiana? ¿Acaso no tiene ninguna relevancia para este sendero mágico y numinoso? En la Tradición Ogdoádica, para responder a esta pregunta, viene en mi ayuda la Filosofía.

‘Vivir con filosofía’ se convierte ahora en algo más que una expresión, es una necesidad, comparable a beber agua fresca o hacer ejercicio. La salud de nuestra mente, nuestra capacidad de dirigirnos racionalmente, la forma de responder ante nuestras pasiones y deseos, etc; todo ello se abre en el corpus de enseñanzas filosóficas que los Grandes Maestros de nuestra Tradición nos legaron, y el esfuerzo por aplicar la filosofía de sus enseñanzas y experimentar con ellas en nuestras vidas, en el ejercicio diario.

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