La Filosofía Oculta

La «Filosofía oculta» posee la virtud de ser el primer gran tratado sistemático de magia que se ha escrito. En La filosofía oculta, Agrippa divide el saber en tres ramas que son en realidad partes de una solo saber. Estas ramas son tratadas en tres libros que conforman la filosofía oculta. Uno que trata de la magia natural; un segundo libro que aborda la magia celeste y un tercero de magia ceremonial. Estas tres ramas de conocimiento son llamadas también: física, matemáticas y teología. Para el mago y alquimista de esa época, estos términos no poseían la misma significación que se les adjudica en la actualidad. Así es como lo que Agrippa define como «física» es la magia natural, el conocimiento de las virtudes mágicas y energéticas de todo lo creado por Dios en la naturaleza o bajo el reino sublunar; la relación de las piedras, los animales, los metales, la hierbas con las fuerzas celestes y con las divinas. Por otro lado, su «matemática» no es el conocimiento mercantil que permite sumar y restar pérdidas y ganancias; ni siquiera una especulación abstracta, es más bien el estudio del vínculo de los números como potencias espirituales y su participación en lo creado. Todo fue hecho por el Creador con relación a un número. También, esta matemática es lo más cercano a la actual astrología. Aún que, en Agrippa, a diferencia de la actual ciencia astrológica, tan cargada de determinismo, la astrología está llena de libertad y de espíritu, dice a este respecto, que los astros siempre son benéficos. Pero ocurre que una mala disposición del receptor, puede transformar este beneficio en un mal. Según sus propias palabras:
«Así como la luz del sol, daña los ojos enfermos» .

Por lo tanto Agrippa considera que la libertad del hombre a inclinarse hacia el bien o el mal, no está supeditada a los astros, aun que estos la favorezcan. Finalmente su Teología se presenta como el saber imprescindible para la obra mágica. Dentro de esta Teología se cuenta la «magia ceremonial» el conocimiento de las «leyes de las religiones» como él mismo lo expresa. Así es como el mismo Agrippa define la magia y sus tres vertientes:
«Es preciso, que quienes quieren dedicarse al estudio de esta ciencia (la magia) posean la Física que explica las cualidades de las cosas y en la que se hallan las propiedades secretas de cada ser; que sepan bien matemática, que conozcan las estrellas, sus aspectos y sus figuras, puesto que de ellas depende la virtud y la propiedad de cada cosa elevada; y que entiendan bien la Teología por la que se conoce les sustancias inmateriales que distribuyen y gobiernan todas las cosas, para poseer la facultad de razonar la magia. Pues no puede haber obra alguna de Magia perfecta, ni siquiera de magia verdadera, que no abarque esas tres facultades en total.

Agrippa es lo que se puede llamar un Teurgo. Un mago de la luz. Teurgia es una palabra que significa hacer con la divinidad. En está rama del saber mágico, el mago se ubica en un lugar subordinado, en una actitud de obediencia a lo Divino, de Dios, de quien se siente herramienta.
Su obra literaria

La obra literaria de Agrippa, fue fecunda y también escribió obras sobre Plantón y comentarios a los textos herméticos clásicos. Toda su producción posee en la actualidad, aun con las inmensas diferencias que implican varios siglos transcurridos, una inmensa influencia en el pensamiento que hace a el saber oculto. La obra de Agrippa tuvo especial repercusión en toda la concepción de la magia posterior a él. La misma se encuentra por ejemplo en el notable mago galés John Dee (1527-1608) quien sentía por Agrippa un profundo respeto; en el inglés Francis Barrett, autor de «El Mago», obra que posee párrafos calcados de la «filosofía» de Agrippa; y también en el francés Eliphas Levy, padre innegable de la magia contemporánea, autor de textos ya clásicos como «Historia de la Magia» y el libro de mayor trascendencia, que posee la magia moderna, «Dogma y Ritual de la Alta Magia».

En la actualidad, los magos contemporáneos tienen una deuda infinita con el maestro alemán. Su espíritu, su furor, su anhelo de verdad, son atraídos por el reverente respeto del mago, que en su laboratorio pide e implora las luces de lo alto. Luces que no descienden solas, si no que se expresan en aquellos que las han manifestado en vida. Es por esto que el mago actual siente por Agrippa una admiración fraternal, que lo une al espíritu de este mago y alquimista que tanto hizo y hace desde un lugar de misterio pero real, por aquellos que buscan con sincero anhelo transitar el camino de la magia. Con Agrippa se comprende la magia como «el camino de la verdadera elevación interior». Él enseña que el fin, el alfa y omega del mago es el encuentro con la Divinidad. Para llegar a este encuentro, el mago irá viviendo una transformación que le permita acceder a niveles de conciencia elevados. Solo es posible encontrar fuera aquello que se encuentra dentro, y aquello que está fuera, despierta así mismo lo interior.

El maestro de Colonia no cesa de proclamar en todos sus textos, que la obra es «hacerse digno de la obra», para esto, el mago se alimenta de la luz que recibe en su labor por intermedio de las ceremonias y ritualidades que le permiten un contacto con lo celeste. Este mismo contacto con la Luz, irá transformándolo de manera gradual hasta iluminarlo. Agrippa fue un erudito y un mago operativo. Muchas de sus aseveraciones, son fruto de experiencias propias. En este sentido, los magistas actuales tienen mucho por aprender pues están atrapados por la especulación estéril o por la práctica inescrupulosa. Este mago de luz, sigue siendo una guía que permite al mago actual un encuentro entre conocimiento personal y revelación.

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