San Cipriano

San Cipriano de Antioquia

Muy a menudo confundido con San Cipriano de Cartago que en latin era Thascuys Caecilius Cyprianus nació a principio del siglo III en Africa del Norte  quizás en Cartago y murió el 14 de septiembre del 258 fue decapitado en Africa por afirmar y defender la fe cristiana fue clérigo y escritor romano y obispo de Cartago del 249 al 258, también era un santo y un mártir de la Iglesia católica del Cristianismo primitivo de ascendencia bereber muchas de cuyas obras en latín se han conservado el recibió una educación clásica. Poco después de convertirse al cristianismo, se convirtió en obispo en 249. Una figura controvertida en vida, sus fuertes habilidades pastorales, su firme conducta durante la herejía novaciana y el brote de la plaga, y eventual martirio en Cartago reivindicaron su reputación y demostraron su santidad a los ojos de la Iglesia. Su hábil retórica latina le llevó a ser considerado como el escritor latino más destacado de la Cristiandad occidental hasta Jerónimo y Agustín de Hipona, La peste cipriana recibe su nombre de él, debido a su descripción de ella.

San Cipriano de Antioquia de Pisidia menor conocido como Cipriano el Nigromante. Fue el santo de los Necromantes, magos, brujos, hechiceros, porque está rodeado de misterio, fue uno de los menos conocidos, por su origen pagano, vivió durante el siglo III

Fue consagrado al nacer a la diosa Afrodita y de ahí su nombre griego Kiprian de la isla de Chipre perteneciente a una larga tradición de magos y sacerdotes paganos. Su padre quería que fuera  sacerdote del templo de Jupiter por lo que le dio la mejor educación, en su juventud pudo haber sido iniciado en los misterios de Mitra, Orfeo, Isis y Eleusinos. Se encamino por la teúrgia (magia benéfica griega) pero se desvio hacia la goeti (rama obscura y tenebrosa). Viajo por Caldea, Alejandria, Menfis y Salamanca para concluir sus estudios.

Cuando Cipriano regreso a su ciudad natal trabajo como un poderoso brujo y hechicero reconocido por sus pociones y por dominar a los seres infernales se dice que descubrió la forma de comunicarse con el mismo diablo o Satanás, haciendo poderos hechizos y pócimas también tenía mucho conocimiento de la magia negra, prestaba sus servicios a quien tuviera mucho dinero para pagarle. Se retiro a una cueva donde hacia sus rituales obscuros, donde también realizo sus manuscritos que formarían su Grimorio mejor conocido como Libro de San Cipriano 

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Cuenta la leyenda que un día, Agladio solicito sus servicios pues había conocido a una mujer muy hermosa y virgen llamada Justina hija de Edesio y Cleodonia, y estaba muy enamorado de ella pero, Justina era cristiana muy devota. Y le pidió a Cipriano el Nigromante un hechizo para que se enamorara de él, sin embargo, Cipriano el Nigromante no pudo doblegar la voluntad de Justina. Ella tenía una gran fuerza que no podía vencer, Cipriano mismo se enamoro de ella y la quería para el 

Cansado de tantos hechizos, invocó a los demonios y les preguntó por qué no podía doblegar a Justina. De mala gana, Lucifer le dijo: “Que razón era la Fe de Justina en Jesucristo, Dios de los cristianos, la protege, contra él, nada puedo hacer”. Cipriano, decepcionado de Satanás le respondió: “Si Jesucristo es más poderoso que tú… prefiero servirle a él”, desde entonces se dedicó completamente al estudio de las Escrituras y al conocimiento de Cristo.

Luego de saber la causa de su fracaso, Justina lo acogió con dulzura y lo puso bajo la tutela del obispo Eusebio. En poco tiempo, Cipriano llegó a ser diacono sacerdote y finalmente el Obispo de Antioquía. El joven Agladio también se convirtió al cristianismo, donó todos sus bienes a los pobres y llevó desde entonces una vida de castidad y humildad.

San Cipriano fue apresado junto a Justina y conducidos a Capadocia donde se negaron a renunciar a su fe afirmando que el único dios verdadero era el dios de los Cristianos. El juez los condenó entonces a ser azotados primero y despellejados después; luego, un sacerdote del dios Marte, llamado Atanasio, convenció al juez de que los hiciera arrojar a una marmita con agua hirviendo. Sin embargo, según la leyenda, en esa ocasión no sufrieron quemaduras debido a un milagro de Dios. Finalmente, el juez decidió enviarlos a Nicomedia para que fuera el mismo emperador quien decidiera su suerte.

En el año 304 Diocleciano ordenó que Cipriano y Justina fueran decapitados a orillas del río Galo. En el momento de la ejecución, un cristiano llamado Teoctiso corrió a abrazar a Cipriano, por lo que fue ejecutado también. Los cuerpos fueron custodiados por soldados romanos para evitar que los cristianos se los llevasen. Sin embargo, pasados seis días, un grupo de cristianos lograron llevarse los huesos y trasladarlos hasta Roma, en donde fueron puestos al cuidado de una dama cristiana llamada Rufina. Años después, los restos fueron llevados a la iglesia de San Juan de Letrán.

La más prominente de las leyendas referidas a San Cipriano indicaba que aunque su conversión fue auténtica, no renunció a sus modos de hechicero y continuó practicando como necromante desde dentro de la iglesia, usando su arte a beneficio de su gente. Se rumora incluso que debido a su íntimo conocimiento de los espíritus fue el autor de varias oraciones de exorcismos registradas en el Libro de Oraciones Sacerdotal y algunos eran libros de magia popular, algunas oraciones e instrucciones para sacerdotes sobre cómo lidiar con demonios y espíritus y otros contenían ritos oscuros de naturaleza macabra.

En todas las leyendas San Cipriano permanece como un vínculo único entre las prácticas de la Iglesia y las prácticas de lo Oculto. Más importante, San Cipriano demuestra el elemento paradójico de la Cristiandad popular que abraza las artes mágicas.

Sus leyendas cobraron vida propia mientras empezaron a emerger libros atribuidos a su autoría. En los países nórdicos surgieron los Ciprianus, un texto de magia popular escandinava que se volvió integral a la Trolldom y las prácticas mágicas nórdicas. En España y Portugal, el Libro de San Cipriano se volvió un elemento esencial en la biblioteca de la bruja y el hechicero. En América Central y Sudamérica San Cipriano floreció plenamente como el santo de los hechiceros y los practicantes espirituales y como tal fue figura prominentemente en obras que giran en torno a romper maldiciones, controlar espíritus y demás actos de maestría esotérica.

En América Central el Libro de San Cipriano se volvió un grimorio muy buscado, teniendo una variedad de ediciones atribuidas a él, cada cual llena de secretos de hechicería que son empleados en magia negra. A menudo es peticionado por curanderos y curanderas intentando romper maldiciones de brujas o llamado para dominar espíritus rebeldes. También figura prominentemente en el culto de la Santísima Muerte, donde es reputado como uno de los pocos santos con el poder de templar su influencia a través del uso del amparo.

Su libro más famoso es un Grimorio titulado Libro de San Cipriano, que lleva por subtítulo El Tesoro del Hechicero, contiene oraciones, hechizos, jerarquías infernales y sellos demoníacos. Es ampliamente conocido en el mundo de habla hispana y portuguesa. Se dice que fue escrito en antiguos pergaminos hebreos entregados por demonios al monje alemán Tomás Sufurino.

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