Theophrastus Bombastus von Hohenheim (Paracelso)

Nombres: Theophrastus Bombastus von Hohenheim, Theophrastus Phillippus Aureolus Bombastus von Hohenheim, Paracelso (para indicar que era más sabio que Celso quién fue un médico muy celebre: Aulus Cornelius Celsus)

Fue hijo único del matrimonio Elsa Oschner y Wilhelm von Hohenheim. Nació 10 de noviembre de 1493 en Zúrich, Einsiedeln, Suiza. Se dice que le dieron el nombre de Teofrasto, en honor al pensador griego Teofrasto Tyrtamos de Ereso, un físico especialista en las propiedades medicinales de las plantas y de los minerales.

Durante su infancia, Theophrastus era de estatura baja con tendencia al raquitismo, su padre el alquimista y Dr. Hohenheim creía firmemente en los efectos saludables que proporcionaba el aire fresco así que cuando Theophrastus creció éste lo hizo su compañero; así consiguió mejorar su cuerpo y espíritu. Es en estas salidas con su padre que Theophrastus comenzó a aprender y conocer las diferentes hierbas y plantas, además de las diferentes formas de utilizarlas. Aprendió sus primeras lecciones de latín, medicina, teología, botánica, alquimia gracias al Dr. Hohenheim, su padre.

Desde muy joven fue enviado a estudiar a la famosa Escuela Benedictina del Monasterio de San Andrés para comenzar su instrucción religiosa.

En 1507, Paracelso viajo, como muchos jóvenes, por Europa en busca de maestros famosos e iban de una universidad tras otra. Debido a esto se dice que Paracelso asistió a las universidades de Basilea, Tübingen, Viena (se dice que se graduó de ésta universidad), Wittenberg, Leipzig, Heidelberg y Colonia durante los cinco años siguientes, pero se sintió decepcionado con todas.

Luego fue a la Universidad de Ferrara en Italia, donde recibió un doctorado en 1516, y en esta época es donde se supone que también comenzó a usar el nombre «para-Celsus»

Durante este tiempo aprendió, además de medicina, sobre ocultismo y astrología. En ese entonces la magia y el misticismo coexistían con las teorías más antagónicas, Paracelso por su parte se esforzó por adquirir el misticismo que unía el alma con el Espíritu Divino para así comprender cómo es que el Espíritu Universal funciona dentro de la Naturaleza.

Paracelso pronto se dio cuenta de que lo que él buscaba no lo encontraría con la ciencia oficial; quería encontrar la verdad, el orden y el experimento científico. Manifestó haber leído, en la biblioteca de su padre, las obras del abate Tritemio o Tritemius quién era considerado un gran sabio mago así que decidido a ser su discípulo se puso en marcha hacia Würzkurg donde éste se encontraba.

Tiempo después cuando consiguió formar parte de los discípulos del sabio Tritemio, se adentro a las ciencias ocultas, al estudio de la Biblia. Lo anterior debido a que el abate era un gran conocedor de Cábala y había dado profundas interpretaciones de los pasajes proféticos y místicos de la Biblia, y según sus enseñanzas sus alumnos debían dedicarle toda su atención.

Su padre, el Dr. Hohenheim, le convence de que no existe nada como la experiencia para aprender así que, siguiendo este consejo, Teofrasto trabajo en los talleres minerales y metalúrgicos de las minas. Aquí aprendió todo sobre los minerales, a identificarlos, obtenerlos y sobre los efectos que provocan los ácidos minerales.

Cuando llego a conocer los misterios de mundo visible e invisible, se dice que Paracelso aborreció la Nigromancia porque estaba convencido de que con ella sólo se atraían fuerzas maléficas y que era practicada por hombres poco escrupulosos. Renuncio a toda ganancia personal que proviniera del ejercicio de la Magia. De aquí es donde le nació el interés por el estudio de magia divina, su anhelo era “curar a los hombres” e hizo remedios con la ayuda de los minerales.

Paracelso consideraba que toda sustancia dotada de la vida orgánica,
aunque aparentemente inerte, contenía gran variedad de potencia curativa. Para
él, la medicina tenía cuatro pilares: astronomía, ciencias naturales, química y
el amor.

Fue el primero en hacer uso del láudano (labdanum), una tintura preparada para reducir todo tipo de dolores desde el provocado por los dientes hasta aquellos que se producen por enfermedades terminales como el cáncer.

Participó en las «guerras holandesas» como cirujano del ejército e introdujo por primera vez el eléboro negro a la farmacología europea y recetó la dosis correcta para aliviar algunas formas de arteriosclerosis.

En 1524, Paracelso regresó a Villach y descubrió que era conocido por todos por sus famosas curas milagrosas. Posteriormente fue nombrado médico de la ciudad y profesor de medicina en la Universidad de Basilea en Suiza. Estudiantes de todas partes de Europa fueron a la ciudad para escuchar sus conferencias. Pronto esto le traería muchos enemigos porque no solo despreciaba las obras de Galeno y Avicena, sino que mostraba total falta de respeto por la tradición actual, como cuando el día de san Juan de 1527 unos estudiantes necesitaban combustible para la hoguera y Paracelso no dudó en arrojar a ella una copia del Canon de Avicena.

En 1530, Paracelso escribió una descripción clínica de la sífilis, introdujo el término sinovial, para referirse al líquido que lubrica las articulaciones; asoció los temperamentos galénicos a los sabores fundamentales: dulce (tranquilo/flemático), amargo (colérico), salado (sanguíneo), ácido (melancólico).

Además él fue quien dijo por primera vez que los cuatro elementos, agua, tierra, aire y fuego, pertenecían a criaturas fantásticas que existieron antes del mundo. Sostenía que los gnomos se asociaban a la tierra, las nereidas con el agua, las salamandras con el fuego y los silfos con el aire.

Como parte de su trabajo, vinculo tres sustancias (la tria prima) con las tres órdenes que componían al ser humano: la sal al cuerpo, el azufre encarnaba el alma y al mercurio le correspondía el espíritu. Decía que al comprender la química de la tria prima se podrían descubrir los medios para curar las enfermedades.

Extendió la definición de alquimia a cualquier proceso a través del cual las sustancias se convierten en algo nuevo, en ese sentido el panadero sería un alquimista cuando cuece el pan, el tejedor cuando hace la tela, etc.

También fue el primero en declarar que, si se administra en pequeñas dosis, “lo que enferma a un hombre también lo cura”, un pensamiento anticipado para la practica de la homeopatía.

Se dice que Paracelso logró alcanzar la Piedra Filosofal transmutando el plomo en oro, usando métodos alquímicos sólo para comprobar si aquella transmutación magnifica en verdad era cierta.

Sus nuevos métodos fueron muy controvertidos, por lo que en 1538 fue exiliado de Basilea. Se dice que en agosto de 1540 fue requerido por el príncipe arzobispo Ernst von Bayern y se mudó a Salzburgo, Austria donde permaneció por poco tiempo ya que murió el 24 de septiembre de 1541. Las causas que le llevaron a una muerte tan prematura son varias e inciertas, algunos dicen que murió de cáncer, otros de atrofia renal, envenenado o arrojado desde lo alto por sus enemigos, otros más que murió de una intoxicación etílica. Pero, la más aceptada es que murió en una posada y que ante un notario y seis testigos expreso su ultima voluntad: dejo todo lo que tenía a la gente pobre y pidió que fuese enterrado en la iglesia de San Sebastián.

Después de su muerte, el movimiento del paracelsianismo fue aprovechado por muchos, se basó en el principio de mantener la armonía entre el microcosmos, el hombre; y macrocosmos, naturaleza.

Resultaría muy extenso enumerar todas las obras que escribió Paracelso, sin embargo, podemos decir que escribió sobre Medicina, Astronomía, Filosofía, Religión, Farmacopea, Botánica, Nigromancia.

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Conocido por muchos como el <<padre de la toxicología>>, Theophrastus
Phillippus Aureolus Bombastus von Hohenheim, adelantado en su tiempo, nos ha dejado un gran legado.

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