The Witch

“El mal es la naturaleza de la humanidad.”

“El mal debe ser tu propia felicidad.”

La Bruja me ha parecido una estupenda película, ya que es el retorno al contexto histórico y a lo primario, presentada a base de pequeños detalles.
Desde el primer minuto entra de lleno en la idiosincrasia de esta particular familia. El fanatismo religioso y la superstición son la semilla de la desconfianza que lleva a los protagonistas a la situación límite que desencadena el clímax de la narración. Pero Eggers no cae en lo simplón a la hora de presentar a sus personajes. Es un director frío, capaz de mantenerse alejado de sus creaciones, dispuesto a muchas renuncias por la coherencia de su visión de la película.

Y funciona, puesto que esa precisión casi ajena dibuja de manera sencilla y reconocible las relaciones entre los personajes, la funesta enajenación religiosa alimentada por la hipocresía y la culpabilidad.

La historia sigue a una familia puritana que abandona su plantación y su aldea por las diferencias religiosas y se va a construir una casa cerca del borde del bosque.

Es aquí, cuando el infante menor de la familia, Sam, desaparece bajo la vigilancia de la hija mayor, Thomasin (Anya Taylor-Joy).

El incidente devastó a la madre (Kate Dickie) y al padre (Ralph Ineson), quienes convencieron a todos que era un lobo que se llevó a Sam, pero la tragedia se extiende a los cuatro hijos, Thomasin, el preadolescente Caleb (Harvey Scrimshaw) y los gemelos jóvenes, Jonas y Mercy.

Y es así, como cada miembro del reparto está a un nivel brillante, sometidos con fe ciega a los designios de la identidad de esta familia miserable, por humana y reconocible. Los monstruos que promete el amenazador bosque no son más que la chispa que desata los horrores propios de una época y una mentalidad destructiva. Sin caer en la moralina ni en las comparaciones innecesarias con los fanatismos de hoy.

Los fantasmas muy terrenales, supeditados a los delirios místicos de un cabeza de familia contradictorio, tan poderoso y amable como circunspecto y rígido.


¿Como un humano sometido a sus propias reglas, puede ser víctima de su hipocresía demoledora?

Teniendo en cuenta el legítimo miedo puritano de Satanás y las brujas, los eventos subsiguientes comienzan a desgarrar la dinámica familiar, lo que se suma a la tensión que ya existe sobre lo que podría suceder a continuación: lo profundo de la desconfianza y la paranoia.

La forma en que termina la película no generará ninguna falta de opiniones, pero, sin lugar a dudas, la propuesta de Eggers no se somete a ningún discurso claro. La importancia es de la historia, anclada en las tradiciones del relato de brujería más delirante, pero entre líneas se atisba un oscuro canto contra el pensamiento único, y cierto aire de reivindicación del papel femenino, en una época en la que cualquier mujer fuera de la línea recta marcada por el uso social era sospechosa de herética.

Es el arma esgrimida por Robert Eggers para el buceo sin concesiones por las miserias humanas, las emociones más profundas del ser humano contra la naturaleza que no comprende, que le aterra.

¿Qué son las brujas de esta película si no mujeres libres en un mundo de doble moral religiosa?

¿Como un humano sometido a sus propias reglas, puede ser víctima de su hipocresía demoledora?

¿Acaso se presenta el mal como única fuente de salvación?

¿No hay más que blanco y negro para enfrentarse a una sociedad enferma?

¿Es el drama un delirio producto del castrante orden social?

holayolo sun
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