Veneno para las Hadas.

!Las brujas podemos hacer lo que sea¡

– ¿Quién te enseñó a hacer el veneno?

– Otras brujas, es muy complicado, tenemos que conseguir patas de araña y de sapo, culebras, ceniza…

– ¿Y de dónde vas a sacar todo eso?

– Pues hay que conseguirlo y cuando ya se tenga todo, se pone en agua y se hierve.

– Uy, eso va a oler muy feo.

– Claro, cuando las hadas lo huelen, se mueren.

Hablamos de un clásico que sigue vigente y todo gracias a su original historia donde se presenta un cuento de hadas y brujas bien contado con personajes que explotan la dualidad entre la inocencia y la maldad; por un lado es una metáfora de todo lo que puede ir mal por el descuido de los padres hacia los hijos, quienes, a su vez, tienen miedos e inseguridades reales. Los adultos tienden a subestimar a los niños en una etapa temprana, no creyéndolos otra cosa más que inocentes e inofensivos, pero es en este periodo de la vida donde todo puede torcerse y tomar un rumbo siniestro; Taboada agrego a la fórmula una poderosa e ilimitada imaginación, el abandono, escenarios tenebrosos, brujería y superstición…

Como resultado tenemos Veneno para las hadas, una de las mejores películas de terror psicológico que se ha hecho en el cine mexicano.

FICHA TECNICA.

Título original: Veneno para las hadas

Año: 1984

Duración: 90 min.

País: México

Dirección: Carlos Enrique Taboada

Guion: Carlos Enrique Taboada (Hasta el viento tiene miedo” (1976), “El libro de piedra” (1968), “Más negro que la noche” (1974) y “Veneno para las hadas” (1984)).

Música: Carlos Jiménez Mabarak

Fotografía: Guadalupe García

Reparto: Ana Patricia Rojo, Elsa María Gutiérrez, Leonor Llausás, Carmen Stein, María Santander, Lilia Aragón

Productora: IMCINE / Sindicato de Trabajadores de la Producción Cinematográfica

Género: Terror

HISTORIA.

La historia presenta a dos personajes principales: Verónica (Ana Patricia Rojo) y Flavia (Elsa María). La primera de ellas, una niña solitaria y extraña, con posibles rasgos sociópatas, Verónica perdió a sus padres en un trágico accidente, por lo que vive con su abuela, una anciana que huye del contacto humano y pasa sus días en una mecedora, verónica queda bajo el cuidado de su nana, quien le cuenta historias de brujas todas las noches, ya sea para mandarla a dormir o para que deje de fastidiarla con sus insistencias; la segunda pequeña, Flavia, lo tiene todo: unos padres que la aman sobre cualquier cosa, una bellísima casa, una adorable mascota y juguetes por los que cualquier niño vendería su alma al diablo…

Cuando Flavia llega a su nuevo colegio conoce a Verónica, y entre ellas se desarrolla una atípica y no muy sana relación.

Hasta aquí Veneno para las hadas parecería ser una película infantil, pero en realidad va más allá, nos muestra el otro lado de la imaginación, uno macabro y por demás peligroso. Este aspecto se muestra desde la primera secuencia de la película.

Verónica, cuya personalidad posee una imaginación desbordante, le hace creer a Flavia que es una bruja, y que bajo su apariencia angelical e inocente, existe una vieja hechicera con malévolas intenciones. Ante una Flavia escéptica, Verónica se esfuerza por demostrarle su  poder, sirviéndose de trucos sencillos, artimañas y mentiras. Pero al final logra su cometido cuando la maestra de piano de Flavia fallece de un ataque cardíaco, luego de que ambas niñas realizaran un «encantamiento», con velas y sangre, y le pidieran al diablo que se la llevara lejos.

 Lo que Flavia desconoce es que su profesora ya había tenido dos infartos previamente, y que por su tabaquismo y frágil salud era sólo cuestión de tiempo que perdiera la vida; esta vez, Flavia se convence de que su amiga es una letal hechicera.

Cada vez más asustada, Flavia adquiere una actitud sumisa ante Verónica, hasta el punto de obedecerla sin cuestionarse nada. Flavia llega a desprenderse de sus posesiones más entrañables por cumplir las órdenes de Verónica, y a tener terrores nocturnos, pesadillas y visiones en las que el cuerpo ingrávido y fantasmal de la diabólica niña entra a su habitación para atemorizarla.

A pesar de que Flavia tiene padres que la aman, hay que destacar que a lo largo de la película son las niñas quienes dan fuerza al filme y los adultos son personajes que se fusionan a la circunstancia e inclusive a la escenografía, es por eso que cuando un adulto interviene no podemos ver sus rostros y solo se presentan pistas sobre la apariencia y personalidad de los mismos. Otro factor a destacar es la actitud de los adultos hacia las niñas, donde se asume que ellas ven el mundo igual que ellos, creando una ruptura en cómo se relacionan limitando la comunicación, lo que ayuda a aumentar la sensación de aislamiento que las protagonistas experimentan y fortaleciendo la influencia de la imaginación.

Verónica consigue que Flavia convenza a sus papás de incluirla en una excursión al rancho familiar. Una vez ahí, el horror que crece en la mente de Flavia se hace cada vez más tangible, volviéndola retraída y cabizbaja hasta con sus propios padres, quienes, evidentemente, no tienen idea, ni sospecha, de lo que realmente está sucediendo.  No ven en Verónica la amenaza que Flavia percibe, tan sólo la consideran una niña rara que quizá no es la mejor influencia para su única y consentida hija.

Verónica le cuenta un secreto a Flavia: debe realizar un veneno para las hadas, pues éstas son enemigas de las brujas. Comenzando por pedirle ayuda para conseguir los ingredientes para la mortífera pócima, pues planea aniquilar con ella a las mismas; entre ellos se encuentran:

  • Polvo de panteón
  • Una cruz (para quemar y esparcir las cenizas en la ponzoña)
  • Extremidades de ranas y alimañas

Todos los componentes de la sustancia venenosa los irán ocultando en un viejo y olvidado granero, en un segundo piso, bajo montones de paja. Para conseguirlos, deberán hacer cosas que, poco a poco, irán desquiciando y metiendo en problemas a Flavia, como el ir a la media noche a un panteón para robar tierra y una cruz.

Pero el límite llega cuando, debido a una imprudencia de Flavia, Verónica la castiga exigiéndole que le regale a su mascota Hippie, un pequeño perro que es su adoración, y amenazándola con que, de no hacerlo, convocará a las demás brujas para que le saquen los ojos. La pobre Flavia se quiebra al entregar a su perro, un acto que marca el declive de su inocencia.

Verónica solo tiene un objetivo, preparar su infame “veneno para las hadas”. Conforme Verónica se va robando la vida de su inocente amiga, Flavia va perdiendo su personalidad, pareciera que la oscuridad de Verónica influye en su manera de hablar y pensar e incluso intercalan sus colores característicos; Flavia está al borde de perder el equilibrio y sufre de pesadillas, estrés y presión.

Para sellar el terrible destino, Verónica obliga a su amiga a visitar el panteón a medianoche para conseguir los últimos ingredientes de su veneno, siendo atrapadas. Acto que provoca al padre que molesto estalla al descubrir su viaje al panteón, que sumado a un viaje de negocios deja a Flavia desamparada con su opresora.

A pesar de que Verónica amenaza y atormenta a su amiga constantemente, está claro que disfruta de su amistad e incluso que la maldad que tanto profesa la pequeña bruja es producto de la soledad que siente y su anhelo por pertenecer.

En un giro por demás macabro, Flavia tiene la firma convicción de que la única manera de salvarse a ella, las hadas y a los que ama es con la muerte de la bruja.  Tomando el destino en sus manos Flavia aprovecha la primera oportunidad para encerrar y quemar en el granero a Verónica.

 Irónicamente, la inocencia de Flavia es la que sella el mortal destino de Verónica, quien cansada de la maldad de la “bruja” que parece no tener consecuencias, sumado al quiebre en su psique la lleva a tomar la justicia en su manos transformándose en ejecutora y en su ingenuidad ya no duda en matar (ella cree, por segunda vez, considerando que su maestra fue la primera victima) para proteger a las hadas, a sus padres y a sí misma.

Al final, Flavia permanece observando al granero quemándose, escuchándose de fondo los gritos de ayudo de quien fuera su amiga; solo se puede imaginar que habrá pasado después con este personaje, y las repercusiones por la muerte de la bruja…

Queda la duda,  ¿y si Verónica hubiera acabado el “veneno”? y si su engaño hubiera quedado expuesto?  Recordando a la película “La bruja”, sobre la inocente que fue llevada al límite para debilitar su espíritu y al final corromperlo.

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