Los Hiperbóreos

La primera fuente existente que menciona a Hiperbórea en detalle, las Historias de Heródoto (Libro IV, capítulos 32-36), data de alrededor del 450 a. C. Sin embargo, Heródoto hace referencia a tres fuentes anteriores que supuestamente mencionaban a los hiperbóreos, entre ellas Hesíodo y Homero, este último habría escrito sobre Hiperbórea en su obra perdida Epígonos.

Su nombre (en griego: (Υπερ βορεία) Hyper Boreia, ‘más allá del norte’) deriva precisamente de que se creía que el dios-viento Bóreas habitaba en Tracia, y los hiperbóreos, sus hijos, lo harían más al norte de este reino, en el país de Hiperbórea.

En la mitología griega, Hiperbórea era una región situada en las tierras septentrionales aún desconocidas, al norte de Tracia.

Se les atribuían costumbres primitivas: Sileno, en una de sus fábulas, decía que fueron los primeros hombres en ser visitados por los habitantes de otro continente más allá del océano que, asustados por lo que se encontraron, regresaron a su país y no volvieron más.

De los hiperbóreos se decía que eran inmortales, además de ser descritos como dioses. El dios Apolo conducía cada diecinueve años su carro hacia esta región para rejuvenecer. También se dice que a Medusa la desterraron a aquellas tierras.

Diversos fragmentos acerca de Pitágoras sostenían que él provenía de los hiperbóreos. Plutarco, escribiendo en el siglo I d. C., conectó a los hiperbóreos con los galos que habían saqueado Roma en el siglo IV a. C.

Apariencia física

La leyenda griega afirma que los boreales, que eran los descendientes de Bóreas y de la ninfa de las nieves Quíone, fundaron la primera monarquía teocrática en Hiperbórea. Esta leyenda se encuentra recogida en los escritos de Eliano: Este dios [Apolo] tiene como sacerdotes a los hijos de Bóreas [viento del norte] y Quíone [nieve], tres en número, hermanos de nacimiento, y seis codos de altura [unos tres metros].

Y los reyes de esta ciudad (hiperbórea) y los supervisores del recinto sagrado se llaman boreales, ya que son descendientes de Bóreas, y la sucesión a estos cargos se mantiene siempre en su familia..

Diodoro Sículo

Por lo tanto, se creía que los boreales eran reyes gigantes, de unos tres metros de altura, que gobernaban Hiperbórea.

No hay otras descripciones físicas de los hiperbóreos en las fuentes clásicas. Sin embargo, Elio Herodiano, un gramático del siglo III d. C., escribió que los míticos arimaspos eran idénticos a los hiperbóreos en apariencia física (De prosodia catholica, 1. 114) y Esteban de Bizancio en el siglo VI escribió lo mismo (Ethnika, 118. 16). El antiguo poeta Calímaco describió a los arimaspos como de cabello claro, pero se discute si los arimaspos eran hiperbóreos.

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Seis autores griegos clásicos también llegaron a identificar a estos pueblos míticos más allá del viento del norte con sus vecinos celtas en el norte. En Irlanda, sin embargo, los celtas tenían sus propias leyendas de una avanzada civilización en el lejano norte. El Libro de las invasiones registra que esta civilización fue establecida por emigrantes de Irlanda, cuyos descendientes regresaron para establecerse de nuevo en Irlanda varios siglos después.

Los europeos del norte (países nórdicos), al confrontarse con la cultura clásica grecorromana del Mediterráneo, se identificaron con los hiperbóreos. Esto se alinea con el aspecto tradicional de una tierra perpetuamente soleada más allá del norte, ya que la mitad norte de Escandinavia se enfrenta a largos días durante el alto verano sin ninguna hora de oscuridad (sol de medianoche). Esta idea fue especialmente fuerte durante el siglo XVII en Suecia, donde los últimos representantes de la ideología del goticismo declararon a la península escandinava tanto la Atlántida perdida como la tierra hiperbórea. La cultura europea se identificó igualmente como hiperbórea

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Friedrich Nietzsche reivindicó en su obra su condición de hiperbóreo, más allá de los límites conocidos, en contraposición al pensamiento homogéneo de la época en cuestiones morales y filosóficas. Nietzsche se refirió a sus lectores simpatizantes como hiperbóreos en El Anticristo (escrito en 1888, publicado en 1895):

Mirémonos a la cara. Somos hiperbóreos; sabemos muy bien lo remoto que es nuestro hogar.

Friedrich Nietzsche
Tule (en griego, Θούλη Thoúlē o Θύλη Thýlē) también identificado como Tile, Thule, Thila, o Thyïlea es un término usado en las fuentes clásicas para referirse a un lugar, generalmente una isla, en el norte lejano.

En la geografía romana y medieval, el término última Thule también puede designar cualquier lugar distante situado más allá de las fronteras del mundo conocido.

John G. Bennett escribió un trabajo de investigación titulado El origen hiperbóreo de la cultura indoeuropea (Journal Systematics, Vol. 1, n.º 3, diciembre de 1963) en el que afirmaba que la patria indoeuropea estaba en el extremo norte, que consideraba la Hiperbórea de la antigüedad clásica. Esta idea fue propuesta anteriormente por Bal Gangadhar Tilak (a quien Bennett atribuye el mérito) en su obra El hogar del ártico en los Vedas (1903), así como por el etnólogo austrohúngaro Karl Penka (Orígenes de los arios, 1883)

Helena Blavatsky, René Guénon y Julius Evola compartían la creencia en el hiperbóreo, los orígenes polares de la humanidad y su posterior materialización y devolución. Según estos esoteristas, Hiperbórea fue el centro polar de la civilización y la espiritualidad de la Edad de oro; la humanidad no se eleva del mono, sino que progresivamente evoluciona a la condición de simio a medida que se aleja física y espiritualmente de su mística patria sobrenatural en el lejano norte, sucumbiendo a las energías demoníacas del polo sur, el mayor punto de materialización (véase Joscelyn Godwin, Arktos: El mito polar).

Autores adscritos al esoterismo nazi, relacionado con el Tercer Reich de Adolf Hitler, posteriormente postularon una teoría en la que a Hiperbórea la consideraron un posible origen de la «raza aria». La sociedad Ahnenerbe se habría dedicado a estudiar este tema y otros relacionados como las ciudades subterráneas.

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Robert Charroux relacionó por primera vez a los hiperbóreos con una antigua raza de astronautas de «personas supuestamente muy grandes y muy blancas» que habían elegido «la zona menos cálida de la Tierra porque correspondía más estrechamente a su propio clima en el planeta del que procedían». Miguel Serrano fue influenciado por los escritos de Charroux sobre los hiperbóreos.​

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