Luna del Carrizo/Caña

El mes del carrizo en el calendario arbóreo celta es un momento para considerar y aprovechar el equilibrio. Antes de encontrar el equilibrio en las diferentes áreas de nuestra vidas, primero debemos llevarlo al macrocosmos de nosotros mismos. Debemos equilibrar nuestro cuerpo, mente y espíritu.

La luna del Carrizo proporciona el punto perfecto de poder energético este mes para trabajar en este objetivo. Aunque no es un árbol en sí, la planta del carrizo se ha ganado su lugar como una planta importante en la cultura celta y el calendario arbóreo por sus propiedades físicas de ser duradera y útil para el tejido de cestas, para hacer escobas tanto mágicas como mundanas, y otras artesanías.

Sus asociaciones energéticas de limpieza y equilibrio van de la mano con sus propósitos utilitarios mundanos. Incluso si no tienes nade hecho con carrizo, canalizo su espíritu y consigue una pequeña escoba ritual, una pluma u otro elemento que puedas usar como herramienta ritual en limpieza. Cepíllate y hazte una limpieza mientras te bañas a la luz de la luna como un paso hacia el equilibrio.

Ritual para encontrar nuestro equilibrio personal

De noche, cuando la Luna se adueñe del cielo, preparamos un altar con una vela blanca, tres hojas de laurel y una copa de agua con unas gotas de jugo de limón.

La mística de esta Luna llena nos propone un ritual para ponernos en eje.

Prendemos la vela y nos sentamos frente a ella. Cerramos los ojos y visualizamos una luz blanca que ingresa en nosotros por nuestra cabeza, inunda nuestro cuerpo y nos envuelve completamente. De esta manera, la idea es tratar de sentirnos en paz, relajados y tranquilos.

Una vez que esta sensación está en nosotros, repetimos tres veces este mantra:

«Luna poderosa, dame la templanza y el equilibrio necesarios para concretar mis deseos de la mejor manera posible».

Cuando terminamos, decimos «gracias, gracias, gracias».

Una vez que la vela se apaga, tiramos el agua en una maceta o en un lugar con tierra siempre sosteniendo la copa con la mano izquierda y guardamos las tres hojas de laurel atadas con un hilo o cinta blanca en un cajón personal hasta que se sequen. 

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